Para mí siempre fue mi casa, aunque faltara el último paso.
Dónde estaba
Belén llevaba seis meses trabajando de forma independiente cuando encontró la casa que quería comprar. Los bancos y las mutuarias que consultó le pedían dos declaraciones de renta, que todavía no tenía, y un pie del 20% del valor de la vivienda. Tenía ahorrado menos de la mitad de eso.
Qué hizo
Pagó una reserva a la inmobiliaria para tomar la casa, antes de tener el crédito aprobado. Cuando se confirmó que el banco no la aprobaría por su antigüedad laboral, la ejecutiva de venta le mencionó dos programas de arriendo con opción de compra. Belén eligió PROPIO, pagó el pie de entrada de UF 277,6 y firmó los contratos. Entre ese pago y la firma pasaron menos de dos meses, un plazo que necesitaba: la casa que arrendaba hasta entonces se había vendido y debía dejarla en treinta días.

Por qué lo hizo
Comparó PROPIO con el otro programa. El otro tenía una cuota mensual algo menor, pero ajustaba el precio de la propiedad al final, entre un 3% y un 4% más alto, y obligaba a permanecer cinco años sin salida anticipada. Como su problema era la antigüedad laboral y no el dinero, prefirió la opción que le permitía comprar apenas cumpliera los requisitos del banco, con el precio congelado desde la firma.
Dónde está hoy
En septiembre de 2026 Belén compró la casa en la que vivía desde el primer día, con crédito hipotecario de Banco Estado y al mismo valor con el que entró en diciembre de 2023. Llegó al pie que le pedía el banco con tres cosas: el pie de entrada que pagó a PROPIO, el ahorro acumulado en treinta y cuatro cuotas y bonos de su trabajo.